|    El Cuento    |

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José y el Cóndor

21-03-2018

José vivía en una pequeña aldea kiliwa de nombre Arroyo de León, situada no muy lejos del Valle de la Trinidad; ahí José y los demás chicos de la aldea iban a la escuela en un carro, con un mejor pasado, que daba tumbos por el camino y dejaba atrás un torbellino de polvo, para llegar a tiempo. Como en esa aldea no había luz eléctrica sus habitantes no contaban con televisión, ni radio, por lo que los chicos se entretenían realizando actividades al aire libre o con las tareas asignadas por sus padres. 

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El poder de la lectura

07-03-2018

Era una de los ocho hijos de Aurora. Pero su madre enviudó joven. Asesinaron a su padre por ‘cosas de drogas’, en uno de esos ajustes entre bandas que siempre anuncian los gobiernos cuando las personas mueren por impactos de bala en la vía pública. ¿Qué podía hacer Aurora para sostener a sus hijos? Por sí sola nada, más que sufrir y pasar hambres. Necesitaba trabajar, conseguir con todo su esfuerzo el dinero necesario. Entonces dejó a los ocho niños en un orfanato.

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Entre el rugir de las bestias

07-03-2018

Cerró los ojos, se perdió entre los recuerdos que pudo atrapar junto a una inmensa bocanada de humo. El viento fresco le recordaba que seguía viva.  Este pequeño lapso, esa pequeña rendija de libertad en la cual podía sentir los rayos de sol sobre su piel, era para ella, una probada de paraíso la separaba de su dura jornada laboral.

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El hueso de oro

02-03-2018

A Manilka le dijeron que en lo alto de la montaña encontraría un hueso de oro, y aquel que lo poseyera no volvería a tener hambre. Ten cuidado al subir, el camino es peligroso; lo cuidan unas ratas, que si te descuidas te roen las patas mientras caminas. Si logras pasar a las ratas, unos papiones alados, revoloteando sobre tu cabeza, te jalan las orejas y el pelo, hasta hacerte abandonar la idea de seguir tu recorrido. Si aún te atreves, cuentan que hay un tercer obstáculo, pero nadie ha llegado tan lejos.

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La garra melancólica

27-02-2018

Todo el tiempo las garras de Feliza se mantuvieron retraídas; melancólicamente retraídas, tal vez con temor de lesionar a sus amos. Pusilánime, tal vez  por haber sido rescatada del lumpen, luego de hurgar tiempo indefinido en basureros, yantar alimañas y otros desechos.  

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