|    El Cuento    |

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Jusnai y el navegante

03-07-2018

Al sur del municipio de Ensenada, en esa lengüeta arenosa, aún se pueden escuchar sus cantos. Se cuenta que una joven Pai pái se enamoró de un navegante español, cuando desde los acantilados lo observó descender del barco, con esa confianza en la que asentaba cada uno de sus pasos, en esta tierra que por primera vez pisaba.

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El mar que se ahogó en una botella

21-06-2018

Sugestionada por la mala suerte, tan incapaz de ver la mitad llena del vaso caprichoso del destino, pensó en 10 mil maneras de impedirlo. Sabía que quedaba poco tiempo y no encontraba el modo de evitarlo.


Probó con desbordar de obligaciones la agenda de sus días inventados, con cambiar de trabajo y con mudarse a una ciudad que no tuviera costa para olvidar la pena del vacío.

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José y el Cóndor

21-03-2018

José vivía en una pequeña aldea kiliwa de nombre Arroyo de León, situada no muy lejos del Valle de la Trinidad; ahí José y los demás chicos de la aldea iban a la escuela en un carro, con un mejor pasado, que daba tumbos por el camino y dejaba atrás un torbellino de polvo, para llegar a tiempo. Como en esa aldea no había luz eléctrica sus habitantes no contaban con televisión, ni radio, por lo que los chicos se entretenían realizando actividades al aire libre o con las tareas asignadas por sus padres. 

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El poder de la lectura

07-03-2018

Era una de los ocho hijos de Aurora. Pero su madre enviudó joven. Asesinaron a su padre por ‘cosas de drogas’, en uno de esos ajustes entre bandas que siempre anuncian los gobiernos cuando las personas mueren por impactos de bala en la vía pública. ¿Qué podía hacer Aurora para sostener a sus hijos? Por sí sola nada, más que sufrir y pasar hambres. Necesitaba trabajar, conseguir con todo su esfuerzo el dinero necesario. Entonces dejó a los ocho niños en un orfanato.

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Entre el rugir de las bestias

07-03-2018

Cerró los ojos, se perdió entre los recuerdos que pudo atrapar junto a una inmensa bocanada de humo. El viento fresco le recordaba que seguía viva.  Este pequeño lapso, esa pequeña rendija de libertad en la cual podía sentir los rayos de sol sobre su piel, era para ella, una probada de paraíso la separaba de su dura jornada laboral.

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