|    Articulo:   La música y su influencia en los adolescentes   |

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13-01-2018
La música siempre ha desempeñado un papel importante en el aprendizaje y la cultura, pudiendo llegar a influir en costumbres y emociones. En muchas ocasiones la música forma parte de la tradición de un país o de una región (cumbia, reggae, tango, folklore, rap, polka, salsa, samba, entre otras).

En numerosas circunstancias la música se convierte en verdadera protagonista pudiendo serlo también los propios intérpretes o sus mismos autores. Constituyendo un entramado complejo de sentidos; opera en las prácticas culturales de los jóvenes como elemento socializador y al mismo tiempo diferenciador de estatus o rol.

Allá por los años 50 el "Rock and Roll" entró a formar parte de la historia de mano de su intérpretes más aplaudidos (Elvis Presley, Beatles, Rolling Stones).

Desde entonces la música ha vivido cambios espectaculares, y la influencia que ha ejercido en todas las generaciones, de forma especial en los adolescentes, siempre ha sido una fuente de preocupación para la sociedad y las familias. La sociedad, en general, ha visto modificados muchos de sus valores, poniendo en primer lugar el éxito y la competencia, la eficacia y el rendimiento, el poder del dinero, el bienestar y el ocio, el estatus social y la belleza. La música juega un papel importante en el refuerzo de este tipo de valores y la aparición de los medios de comunicación y, en especial, de la televisión, ha marcado notablemente la vida social.

En los grupos en los cuales el elemento de cohesión es la música, las creencias se generan a partir de ella. Ella es la que determina la forma de vestirse, de peinarse, de moverse, la forma de hablar. Este conjunto de creencias construye la identidad de ese grupo de pertenencia. No es casualidad que la población más joven, aquella que inicia sus propios procesos de conformación de identidad, sea la que muestra mayor nivel de compra de material discográfico, porque les es preciso poseer una serie de bienes culturales para formar parte de la comunidad cultural.

Ahora, ¿qué es lo que lleva a los individuos a adoptar estas creencias en común? ¿Cuál es la amenaza a la que se ven enfrentados, y qué resulta en este "acuerdo" de creencias? Quizás sea la intención de ser alguien en esta sociedad de masas. En un mundo que tiende a la homogeneidad extrema, la música parece ser la última salida donde mostrar una diferencia. Ser original, independiente o rebelde, e ir contra la corriente. Quizás sea buscar una identidad diferente a la de sus padres, o quizás, solo ocupar el tiempo libre, o ahogar el sentimiento de soledad y encontrar un grupo de personas en el que ampararse ante las exigencias del sistema.

El hecho es que una de las actividades que más realizan los adolescentes es escuchar música. La música une a individuos de puntos muy diferentes de la sociedad. Desde un neohippie belga con un anillo en la nariz, hasta un breakdancer de Tokio, con trenzas rasta y vaqueros anchos. Personas que no se encuentran próximas en el espacio social pueden, de esta manera, encontrarse e interactuar, por lo menos brevemente, teniendo algo en común. La música es a la vez estilo de vida, vínculo social y fuerza espiritual. Orienta a los jóvenes en su búsqueda de autonomía y les brinda un medio de expresión.

Esto no es ignorado por las compañías discográficas, que tienen bien en claro su mercado, particularmente juvenil. Este tipo de industria ha aprendido que la pertenencia a la nueva comunidad de valores culturales pasa necesariamente por la posesión, conocimiento y dominio de bienes simbólicos específicos, uno de los cuales gira alrededor de la música y los productos que se derivan de ella.

En muchos países, la participación de la industria musical en la economía alcanza grandes proporciones, llegando a ser un pilar importante en varias naciones. Por esta razón, resulta lógica la preocupación por buscar, mantener y ampliar un mercado de consumidores. En este proceso, conocer y a su vez moldear, pero también amoldarse a las preferencias musicales de los jóvenes, tiene un papel imprescindible en las estrategias de las empresas.

Pero no sólo la estructura social es la que manipula la música. Los medios de producción también lo hacen, y no sólo con la música, sino que la sociedad es moldeada para que consuma ciertos productos y a otros los considere de baja calidad. La industria discográfica es parte de los medios de producción. Y por lo tanto, la música es la materia prima con la que trabajan.

Es así que la música tiene un aspecto sociológico. Ella es parte de la superestructura cultural, producto de las clases sociales, pero también de los medios de producción. La sociedad genera la música como su producto cultural. A su vez, ese producto modifica a la sociedad misma, porque la agrupa de diferentes maneras, genera grupos de pertenencia, produce alienación, implanta valores, ideales, los difunde, genera modelos e ídolos, inserta nuevos actores sociales, se generan nuevas creencias, todo con la consecuente resignificación de la música, formándose un ciclo de constante.

Temas que antes no se trataban, como la delincuencia, las drogas, el alcoholismo, el sexo precoz, se suman a la lista de temas que sí estaban presentes en las letras de las canciones, como el satanismo o la violencia. Aquí entra en juego la fase psicológica de la música.

Toda tribu urbana o movimiento ideológico juvenil se establecen con base en ciertos signos característicos: estética, algunos principios éticos más o menos esbozados, pero principalmente unos gustos musicales bien definidos.

La generación beat bailó a ritmo de jazz, el movimiento hippie escuchó el folk y el rock sesentero en festivales como Woodstock, los yuppies con Love Over Gold de Dire Straits. Los góticos y emos se estremecen con cantos oscuros. Y éstos son sólo algunos ejemplos. Músicas que marcaron una generación, o músicas que un movimiento social juvenil hizo suyas.

Música y personalidad: ¿un binomio real?

No obstante a lo que solemos creer, la música no explica nuestra manera de ser, usamos la música para vernos identificados con las posturas vitales y políticas que consideramos más validas, pero no existe una vinculación estrecha entre esa identificación y nuestras acciones.

Desmontando clichés

Pongamos un ejemplo: la estética dura y la violencia que rodea al heavy metal no corresponde a la personalidad de sus seguidores: gran parte de ellos son personas amables, pacíficas e incluso con una tendencia hacia la introversión, como apunta un estudio efectuado en la Universidad de Heriot-Watt, mediante una encuesta que fue contestada por 37.000 personas en todo el mundo a través de internet (North, A.C. & Hargreaves, D.J., 2005).

Así lo narra Christopher Drösser en su libro La seducción de la música:

Los encuestados definieron sus preferencias respecto a más de 100 estilos musicales (de la música clásica pasando por el soul) que en teoría eran el reflejo de sus rasgos de personalidad. Esos rasgos eran, por ejemplo: autoestima baja o alta, carácter creativo/no creativo, introvertido/extrovertido, dócil/agresivo, trabajador o vago.

Otorguemos mayor o menor grado de credibilidad al estudio, lo cierto es que al vincular estilo musical con personalidad caemos en generalizaciones e imprecisiones. Si así obrásemos, estaríamos jugando en un terreno de demagogia barata y usaríamos los prejuicios que imponen los medios de comunicación y las series juveniles de televisión.

Coincidencias curiosas: 'heavies' y 'clásicos' son parecidos 

A partir de la encuesta diseñada por North y Hargreaves, se podría destacar que la personalidad de los aficionados al heavy metal es muy parecida a los aficionados a la música clásica, aunque su estudio sí matiza que los segundos tienen una autoestima mayor que los primeros, de promedio. Entonces, a pesar de que los estilos musicales difieran en sumo grado, por no hablar de los ropajes que cada estilo musical propone, los clásicos y los melenudos podrían categorizarse dentro del mismo perfil psicológico.

Otra investigación llevada a cabo en la Universidad de Queensland, Australia, liderada por F. Baker y W. Bor (2008), dan respaldo a las conclusiones anteriores, descartando de este modo que la música o el estilo musical juegue un papel causal en el comportamiento antisocial, por ejemplo. Sí sugieren, no obstante, que la identificación con un estilo musical es un indicador de vulnerabilidad emocional.

Preferencia por estilos musicales y personalidad

El estudio de North y Hargreaves arrojó los siguientes datos:

  • Los amantes de la música Blues tienen alta autoestima, son creativos, amables y extravertidos.
  • Los que prefieren la música Jazz y el Soul obtienen los mismos adjetivos que los amantes del Blues.
  • Obtienen resultados parecidos a los anteriores los que prefieren el Rap y la Ópera.
  • Los sujetos que prefieren la música clásica son igual que los anteriores, con la excepción de que son introvertidos.
  • Los amantes del Country son trabajadores y extravertidos.
  • Los que disfrutan con el Reggae fueron reportados como algo vagos, y también creativos, amables, extravertidos y con alta autoestima.
  • Los que gustan de escuchar música Dance son creativos y extravertidos, pero no demasiado amables.
  • Los locos de la música Indie tienen baja autoestima, son creativos, poco amables y poco trabajadores.
  • Los seguidores de la música Rock y Heavy Metal tienen autoestima baja, son creativos, no muy trabajadores, introvertidos y amables.

Conviene recordar que estos datos fueron obtenidos cruzando datos a partir de tests de personalidad y preferencias musicales, y sólo indican tendencias estadísticamente significativas; correlaciones. Obviamente, no significa esto que escuchar ciertos estilos musicales "transforme" nuestra personalidad.

Personalidad: un concepto complejo y multicausal

Por consiguiente, el estado psíquico es apriorístico, y a partir de éste cada individuo se deja conquistar por aquella música que encaja con su personalidad. En ocasiones, escuchar una música con melodías o letras deprimentes a oídos de alguien no quiere decir que sea un factor detonante para deprimir a muchos de sus oyentes, sino que, al contrario, en ocasiones este tipo de músicas ayudan a superar momentos bajos de ánimo. Existen canciones que nos producen relajación, otras nos dejan algo melancólico y otras tantas que nos cargan las pilas y nos activan.

La música cambia tu conducta

No obstante, la música no únicamente influye nuestro estado emocional, sino que también altera y puede determinar nuestra conducta. Puede incitarnos a beber más alcohol, a comprar más productos de los que necesitamos cuando estamos en una tienda, o incluso a que cometamos actos que atentan contra nuestros principios morales.

La música que escuchamos y la personalidad pueden estar fuertemente relacionadas, afecta a nuestra manera de percibir el mundo: es mucho más que un mero entretenimiento.

Los efectos de la música sobre el comportamiento han sido evidentes desde los comienzos de la humanidad. A lo largo de la historia, la vida del hombre se ha visto complementada e influenciada por la música, a la cual se le han atribuido una serie de funciones. Ésta ha sido un medio de expresión y comunicación no verbal y, debido a sus efectos emocionales y motivacionales, se ha utilizado como un instrumento de manipulación y control del comportamiento de grupos e individuos.

Podemos pensar, por ejemplo, en las marchas de guerra, en la música tocada en los supermercados, oficinas o discotecas, los himnos nacionales, entre otros. También posee una función facilitadora en el establecimiento y la permanencia de las relaciones humanas, así como en la adaptación social del individuo a su medio.

Por otra parte, la música es un estímulo que enriquece los procesos sensoriales, cognitivos (como el pensamiento, el lenguaje, el aprendizaje y la memoria) y motores, además de fomentar la creatividad y la disposición al cambio.

En los últimos años, ha cobrado gran importancia su función terapéutica (musicoterapia) en una gran diversidad de estados patológicos. Sin embargo, hace falta investigación científica relacionada con la influencia que ejerce en el comportamiento, ya que en su mayor parte las aplicaciones se basan en la experiencia a través de ensayo y error y en el sentido común.

A partir de diversos tipos de música se pueden inducir diferentes estados de ánimo, los cuales pueden repercutir en tareas psicomotoras y cognitivas. Una de las variables importantes que intervienen en estos efectos se refiere a la clase de música que se escucha. En este sentido, existen principalmente dos tipos:

1) La estimulante, que aumenta la energía corporal, induce a la acción y estimula las emociones.

2) La sedante, que es de naturaleza melódica sostenida y se caracteriza por tener un ritmo regular, una dinámica predecible, consonancia armónica y un timbre vocal e instrumental reconocible, con efectos tranquilizantes.

Se han realizado varias investigaciones tendentes a estudiar los efectos de la música sobre la ansiedad. Se ha observado que la de carácter estimulante aumenta la preocupación y la emocionalidad (activación fisiológica afectiva), mientras que la sedante la disminuye. También se ha encontrado una reducción de la tensión muscular y la fuerza física, relacionada con la ansiedad, a través de la audición de música tranquila, cuyos efectos repercuten en la comunicación humana. Por ejemplo, la de tonos mayores aumenta la satisfacción en la interacción humana y facilita la productividad.

Algunos estudios apoyan la idea de que la música mejora la ejecución en diferentes tipos de tareas, como problemas aritméticos simples. Sin embargo, otros no han encontrado ningún efecto de la música sobre la ejecución e incluso han descubierto que los efectos son negativos.

Gaver y Mandler proponen que la música existe como una interacción entre un sonido estructurado y una mente que lo comprende. La música tiene una estructura, un orden objetivo de los sonidos, que es de naturaleza jerárquica, consistente en movimientos interrelacionados, con características propias de melodía, armonía, tiempo, estructura rítmica, etcétera. Otra característica es, en cada nivel de una pieza musical, la continuidad y el cambio que determinan su complejidad. Una pieza musical sin cambios es simple, mientras que una con muchos resulta compleja y difícil.

Por tanto, la percepción, la interpretación y la preferencia musical dependen, por una parte, de estas características del estímulo (tono, intensidad, ritmo, melodía y armonía) y, por otra, de las del oyente, como personalidad, edad, sexo, tiempo personal, experiencia musical, tradiciones culturales y condiciones ambientales en las que se escucha.

Pero ¿de qué manera interactúan las características del estímulo musical con las fisiológicas y psicológicas del oyente para generar una reacción determinada? Sin duda, si queremos entender y predecir las reacciones conductuales provocadas por la música, es necesario conocer los mecanismos psicofisiológicos que subyacen a su percepción, reconocimiento e interpretación, así como al placer experimentado al escucharla, ya que sabemos que la conducta en todos sus niveles es regulada por el sistema nervioso central.

Para finalizar, cabe mencionar que la mayor parte de personas siguen fieles a los estilos musicales que escuchaban entre los 14 y los 26 años de edad, y esto ocurre debido a que la juventud marca nuestras identidades, que ya no serán tan plásticas durante el resto de nuestra vida.


Por: MDU. Alejandra Valencia Gamero